
Se menciona a la que trabajó Miguel Ángel Buonarroti, hasta convertirla en una de las esculturas más bellas del mundo. Les he hablado a los alumnos de 1º de bachillerato de esa piedra. Se trataba de un enorme bloque de mármol que, extraído de una cantera cercana a Florencia, permanecía en la ciudad como un reto para sus mejores escultores, que no osaban trabajarlo, por ser extraordinariamente grande y dificultoso hacerlo. Varios fracasaron intentándolo. Podemos imaginar a los escultores que lideraron el renacimiento florentino temerosos de comprometer su prestigio derrotados ante tal bloque de mármol.
Hasta que llegó Miguel Ángel, y decidió acometer el trabajo. Él sabía que las esculturas existían en el interior de las piedras: lo único que había que hacer era retirar lo que sobraba. Y lo hizo. En el interior del enorme bloque esperaba, desde siempre, el magnífico David que podemos admirar en la Galería de la Academia.
Miguel Ángel convirtió lo que para todos era un obstáculo insuperable en la mejor oportunidad de demostrar al mundo de lo que era capaz.
Depende de cada uno: el mundo es del color del cristal con el que lo miramos.
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